AUTORES DESTACADOS
E-mail         <<Página Principal

BIOGRAFÍAS DE AUTORES DESTACADOS EN LA CONSTRUCCIÓN DEL PENSAMIENTO SOCIOLÓGICO
 


 

ANTONIO GRAMSCI (1891 - 1937)

Si aceptamos que cualquier abordaje de la obra de un pensador nos impone conocer algunos aspectos de su vida, la “epoca” en que escribió y los debates que le dan inteligibilidad a su producción, dicho requerimiento adquiere una significación particular en el caso de Antonio Gramsci.

Efectivamente resulta muy difícil delinear los principales aspectos del pensamiento gramsciano sin referirse a su biografía personal, y principalmente a su biografía política. Es que Gramsci ha sido ante todo un dirigente comunista, un revolucionario, actividad que ha desarrollado desde diferentes campos -como mostraremos en esta resumida y necesariamente parcial reseña biográfica-. En su permanente compromiso con esa labor es que despliega su pensamiento en forma fragmentaria y dispersa a través de notas periodísticas, cartas personales y a dirigentes del partido, informes a Congresos partidarios, y finalmente en sus notas de la cárcel. Es la lectura póstuma de esas elaboraciones la que nos enfrenta con el “teórico de las ciencias sociales”.

Apuntes sobre su vida (personal y política) (1)

Antonio Gramsci nació el 22 de Enero de 1891 en Ales, provincia de Cagliari, en la Isla de Cerdeña, Italia. Fue el cuarto de siete hijos de un matrimonio relativamente acomodado. Su padre era funcionario público y siempre mantuvo una posición afectivamente distante de Antonio, para quien será su madre la que ocupe un lugar central en sus afectos, tanto de niño y adolescente como en su vida adulta.

Mientras cursaba sus estudios medios, en Caligari, comenzó a participar en el ambiente socialista. Sus estudios universitarios lo llevan a Turín, gracias a una beca que le permite iniciar sus estudios en la Facultad de Letras, donde participa de un ambiente intelectual y político más intenso del que lo inició en la vida política en su ciudad natal.

En 1913 se afilia al PSI y luego de desatada la Guerra, relega su actividad estudiantil para dedicarse por completo a la militancia política. Hacia 1915 abandona definitivamente de sus estudios formales.

En 1919 funda L´Ordine Nuovo, periódico socialista, que cuando funde el Partido Comunista Italiano se “llevará consigo”.

La Primera Guerra Mundial no solo se desata en el campo de batalla sino también en el interior del Socialismo Internacional que se había consolidado enarbolando la bandera de la no intervención y que luego de seis meses de iniciada la guerra encuentra a socialistas de países comprometidos en el enfrentamiento “aliados” a las burguesías de sus países tras la contienda. Este será el origen de la escisión entre socialistas y comunistas. La actitud del partido socialdemócrata alemán que aprueba los gastos de guerra, disparará la crisis más grande en el movimiento socialista. En ese debate Gramsci se definirá como “pacifista” y terminará creando, luego del Congreso de Livorno, hacia 1921, el PCI.

En su artículo “La revolución contra el Capital” que escribe en saludo a la Revolución de Octubre, Gramsci define su primer ruptura con el marxismo dogmático y perfila su perspectiva “voluntarista” bebida en fuentes leninistas. El debate se sitúa en esos momentos en torno de la cuestión del rol de los movimientos, partidos y sujetos en la historia, y la revolución bolchevique deja como enseñanza incuestionable que ocupan un rol central devaluando las lecturas que establecían el prerequisito de la “revolución burguesa” para alcanzar la “revolución socialista” . De allí el interés especial de Gramsci por construir un partido fuertemente vinculado con las masas y con capacidad no sólo de movilización sino también de “educación”..

El 15 de enero de 1921 se celebra el XVI Congreso Nacional del Partido Socialista Italiano en Livorno, donde se consuma la escisión interna que venía comprometiendo al partido, como producto de la cual Gramsci crea el PCI.

A su vez, Gramsci mantiene diferencias internas con otros grupos dentro del PCI en cuanto a la valoración del fascismo: el dirigente sardo no minimiza la capacidad de destrucción de la oposición que tenía el régimen fascista y no alienta posiciones optimistas respecto de la caída del mismo y del triunfo del socialismo.

En 1923 se casa con Giulia Schucht, a quien conoce en un viaje a la URSS como representante ante la Internacional. Tiene dos hijos, de lo cuales el más pequeño no lo conoció. Su vida privada resultará muy atormentada por la delicada salud mental de Giulia, la separación, y la constante intromisión de su cuñada Genia en el vínculo entre ambos. Durante su encierro Giulia se traslada a la URSS con sus hijos, consumando así una separación irreparable. Será su cuñada Tania, otra hermana de Giulia, entre sus afectos, quien esté más cerca de él en ese momento.

Entre 1924 y 1926 Gramsci es Presidente del PCI, momentos en que se suceden sangrientas persecuciones y asesinatos a dirigentes de izquierda, ante lo cual se impone como una de sus tareas definir una estrategia de lucha antifascista. En ese campo, Gramsci intentará sentar las bases de un partido de masas, que represente a campesinos y trabajadores para educarlos en la lucha, con organización de base laboral y no sólo territorial (experiencia de los Consejos), sin privilegios para quienes ocupen cargos de importancia (Parlamentos, cooperativas, sindicatos, etc) y comprometido con los movimientos de masas, para promover nuevas zonas de influencia.

Gramsci otorgaba un papel esencial a la educación popular como herramienta de liberación y para garantizar la autonomía de las clases subalternas. El partido aquí también debía cumplir funciones trascendentes: formar cuadros y promover la educación entre las masas. Así es como en 1919 crea la “Escuela de cultura y propaganda socialista” (organizada sobre la base de encuentros con obreros dos veces por semana donde se impartían clases teóricas y prácticas); en 1924, durante su exilio en Viena, organiza la “escuela por correspondencia” para formar cuadros partidarios; en 1930, en la cárcel de Turí de Bari, crea la “escuela de Turi” para los comunistas detenidos que participaban de percepciones mecanicistas que sostenían que era inminente la caída del fascismo y que luego sobrevendría el comunismo

El 8 de noviembre de 1926 es arrestado en su domicilio, horas antes de una sesión parlamentaria, en la que debía tomar parte como Diputado Comunista. Un brutal traslado entre unidades carcelarias que dura 19 días deteriora su ya delicado estado de salud y da inicio al período de reclusión.

En su vida en la cárcel Gramsci mantiene una intensa vinculación con dirigentes del Partido, del Partido Comunista Ruso y diversos dirigentes e intelectuales, lo que lo mantiene al tanto de la realidad nacional e internacional. En ese marco escribe el capítulo más denso de su obra.

En 1929 se da lo que se conoce como “el Viraje” en el PCI, en sintonía con la Internacional Comunista de 1928 VI Congreso, a partir del cual describen un escenario de inminente caída del fascismo y de irrupción del proletariado, una variante renovada del “desplome” del capitalismo por sus propias contradicciones que a Gramsci ya lo habían enfrentado con otros dirigentes en el PSI. Como respuesta a esta lectura de la realidad, Gramsci organiza, como ya dijimos, la escuela de Turí de Bari con intensión de combatir el mecanicismo positivista.

Hacia 1933 su liberación se convierte en una cuestión de Estado para el régimen fascista - que había negado sistemáticamente los pedidos de libertad - momento en que se inicia una campaña internacional por su liberación.

Muere el 27 de Abril de 1937, en la cárcel fascista, luego de más de diez años de confinamiento, dos días despúes de que se dispusiera su libertad.

Apuntes sobre su obra

Como adelantamos, la producción gramsciana parte de las inquietudes que le presentaba su actividad política y su temperamento inquieto y cuestionador. En ella se manifiesta también un profundo interés por la historia, y más aún, por la historia anclada en el espacio nacional, lugar desde donde se concibe la construcción de la alternativa de cambio social. También ocupan un lugar central en sus consideraciones la política y la cultura como los campos desde los cuales se gestan las transformaciones sociales y por lo tanto, son arenas en las que se debe “intervenir”. Como sostiene Ansaldi: “Hobsbawm tiene razón cuando afirma que Gramsci es el iniciador de una teoría marxista de la política. Pero quizás pueda decirse, mejor aún, que él abre el camino para elaborar una ciencia histórica de la política.”(2)

La crisis del capitalismo que impacta en el conjunto de la teoría social y el debate de entreguerras en el interior del pensamiento socialista son los dos ejes que nos permiten enmarcar la producción gramsciana. Sus preocupaciones surgen, como se ha señalado, al calor de su actividad militante y se pueden sintetizar, siguiendo a Portantiero (3), en dos puntos:

Por un lado, la crisis del capitalismo, su caracterización y sus implicancias en tanto crisis económica y política (crisis de dominación) y por el otro, la situación de las clases y su potencialidad para la acción, movilización, en un contexto de integración en el Estado (ante la cual la caracterización de éste como “comité administrativo” de la burguesía describía bastante superficialmente al estado burgués). Esto le hace mirar con esmerada atención la situación y transformaciones de la burguesía.

Gramsci forma parte activa de los pensadores de la crisis del capitalismo. Comparte las mismas preocupaciones y se enfrenta a los representantes más encumbrados del pensamiento liberal: Weber, Croce, Mosca. Por otra parte, dentro de la tradición socialista va a tener como interlocutores a sus camaradas de la III Internacional y la socialdemocracia europea.

A partir del prólogo de Engels a La lucha de clases en Francia de 1898 se abre un motivador debate en el interior del partido socialista alemán que por esos años era el centro de irradiación del pensamiento marxista. En ese prólogo Engels daba por clausurado el ciclo de luchas violentas de las clases subalternas dado que la burguesía había reestructurado sus mecanismos de dominación desde 1848. Se abrían ahora caminos diferentes para la transformación social y la lucha de clases. Para Engels era necesario en esta nueva etapa llevar la lucha de clases al interior del Estado.

En este marco, se desata la polémica por la interpretación del estado entre Bernstein y Kautsky que termina con el aislamiento de la propuesta kautskiana de concebir el estado como portador de cierto margen de autonomía respecto de la burguesía y sobre su diagnóstico de la crisis y sus perspectivas de resolución. La perspectiva revisionista es combatida por la social democracia alemana, pero lo que queda planteado es la capacidad de transformación de la burguesía y de sus mecanismos de dominación y, en sintonía con ello, los nuevos desafíos de la lucha obrera.

Es al calor de este doble debate en que debe entenderse la propuesta gramsciana. Doble en tanto se trata de las teorías acerca de la crisis del capitalismo liberal y del debate interno al pensamiento socialista.

Gramsci nos propone una teoría de la crisis, de la hegemonía, del estado y de la revolución. Su principal ruptura con el marxismo está dada por su “antideterminismo económico” y por el lugar de la política como espacio de construcción de la hegemonía, de allí la atención que despierta en su obra la dimensión política y cultural de la dominación y el lugar de los sujetos en la historia. Sus conceptos de hegemonía, guerra de posiciones, revolución pasiva, intelectuales orgánicos, crisis orgánica, sociedad civil, intentan describir y construir alternativas a la inusitada capacidad de reconstrucción del capitalismo de principios de siglo que tan lúcidamente percibe. También es destacable su realismo como principio metodológico de análisis de la realidad y que tendrá efectos políticos, que lo va a conducir a no dejarse engañar por la aparente derrota del enemigo, sino que lo mantendrá vigilante respecto de los indicadores de su recuperación (así ofreció una sagaz interpretación de las estrategias de recuperación del capitalismo en Americanismo y Fordismo y fue también ese espíritu el que lo llevó a desplegar desde el PCI una estrategia de lucha antifascista sin ser seducido por las visiones catastrofistas que recorrían el marxismo europeo por aquellas épocas).

Pueden distinguirse, siguiendo a Portantiero, tres etapas en el pensamiento gramsciano:

De 1917 a 1921: período en el que se ocupa de la experiencia de los Consejos de Fábrica, de fervor y efervescencia revolucionaria

De 1921 a 1927: período que se inicia con la derrota histórica de los Consejos de Fábrica. Funda el PC italiano, y sobreviene la Marcha sobre Roma de Mussolini. Este constituye un momento del repliegue del movimiento revolucionario, al menos, en Italia. En esta etapa de su pensamiento, revalorizará el papel del partido como herramienta de cambio.

De 1927 a 1937: período de la cárcel y de redacción de los cuadernos, donde se despliega en toda su complejidad su obra teórica

La obra gramsciana aparece condensada en los Cuadernos de la Cárcel, una serie de 33 artículos que escribió en su experiencia carcelaria y que el PCI decidió editarlos como libros, según agregación temática. Así aparecieron en 1948, “El materialismo histórico y la filosofía de Bendetto Crocce” en 1949, “Los intelectuales y la organización de la cultura”,

“Notas sobre Maquiavelo, la Política y el Estado moderno” y “El Risorgimiento”, en 1950, “Literatura y vida nacional” y en 1951, “Pasado y Presente”.

Recién en 1974 fueron editados como cuadernos, tal cual fueron escritos, lo cual otorga a la obra densidad histórica. Esto, sumado a parte importante de la publicación de la comunicación epistolar de su etapa de confinamiento -donde trasuntan sus diferencias con la conducción orgánica del PCI y su combate al stalinismo- permiten reconstruir en toda su magnitud el pensamiento de Gramsci.

Sus principales conceptos: bloque histórico, hegemonía, revolución pasiva, crisis orgánica, intelectuales orgánicos-intelectuales tradicionales, guerra de posiciones, sociedad civil y sociedad política han iluminado interminable cantidad de estudios académicos y han trascendido al discurso político hasta instalarse finalmente en el lenguaje coloquial.

Antonio Gramsci en América Latina

Muy tempranamente, hacia fines de los 50, Gramsci llega a América Latina de la mano de los “comunistas argentinos”. Su desembarco en tierras que abrazarán sus ideas de una forma singular, será pues antes político que académico y estará impulsado por sus virtudes personales y políticas (coraje, moralidad, entereza, férreas convicciones) antes que por la fineza y originalidad de sus anotaciones. Como nos ilustra Aricó, no existe país de América Latina donde no se haya editado alguno de sus textos, y en varios de ellos las ediciones fueron sucesivas y de gran circulación.

Es entonces a partir de algunos (pocos) militantes del Partido Comunista Argentino que se introducen sus meditaciones en el continente. Las mismas alumbran algunos ensayos de interpretación histórica nacional que se publican como libros o artículos de revistas. Estas aproximaciones sin embargo, se mantienen en las márgenes del partido y son recibidas con cierta resistencia, ya que daban cuenta de un espíritu de revisión teórica e ideológica que la estructura partidaria no acogió precisamente con entusiasmo.

En una hermosa frase, con tono de confesión, José Aricó plantea, como intelectual marxista, el atractivo que Gramsci despertó en gran parte de su generación: “En realidad, era uno de los nuestros, de algún modo expresaba lo que nosotros hubiéramos querido ser sin haberlo logrado nunca: hombres políticos capaces de retener la densidad cultural de los hechos del mundo, intelectuales cuyo saber se despliega y se realiza en el proceso mismo de transformar.”(4)

El clima que surge luego de la derrota del movimiento revolucionario de los 60 en la región (la evidencia de los errores en la interpretación y las apuestas políticas acerca de los movimientos populistas) y la inquietud por explicarla reaviva el interés por Gramsci ahora para servirse de la cuota de realismo de sus planteos y de la manera en que lo teje con una inquebrantable voluntad de cambio y transformación, que mantuvo incluso en su decenio de cárcel. El exilio ofrecía así el ámbito para las relecturas de los hechos del pasado reciente.

Pero también en los 70 Gramsci vuelve a los partidos de izquierda, al menos a aquellos que intentaban renovar o enriquecer su discurso, desplazándose de la Academia a las organizaciones partidarias de izquierda o liberal-democráticas.

Las dictaduras institucionales de las Fuerzas Armadas clausuran sin más este itinerario y fue en los procesos de transición a la democracia donde se reinstala el debate sobre sus aportaciones.

Según Portantiero (5), lo que logra Gramsci es hacer “un estudio sociológico sobre la realidad italiana; es decir, sobre una sociedad típica del “capitalismo tardío” en el sentido que Gerschenkron da a la expresión. Una sociedad compleja pero desarticulada, penetrada por una profunda crisis estatal en sentido integral, marcada por un desarrollo económico desigual y sobre la que el fascismo, a partir de una derrota catastrófica del movimiento obrero y popular, intentó reconstruir estatalmente la unidad de las clases dominantes y disgregar la voluntad política de las clases populares, en un movimiento convergente con un proceso de centralización del capitalismo que se daba en la economía.”

Este panorama caracteriza tan acabadamente a las sociedades latinoamericanas como a las sociedades de desarrollo capitalista tardío de Europa. De allí el interés que despierta su análisis sobre las formas de la política y la economía en sociedades en transición. Su pensamiento está signado por la crisis del orden capitalista del S XIX, es un pensador de la crisis que a la vez logra avizorar los profundos cambios que se insinúan hacia la segunda década del Siglo XX. Sin duda este proceso impactó en América Latina; en lo inmediato, conmoviendo los sistemas políticos y dando lugar a un sinnúmero de originales -y no por esto menos nefastas - experiencias políticas que surgen en la región en la década del 30, y en el largo plazo poniendo de manifiesto la dificultad por reconstruir desde la sociedad un nuevo orden. Muchas de esas experiencias tienen en común una rearticulación entre estado y sociedad donde la omnipresencia del primero logra “resolver” la crisis de la dominación oligárquica a partir de procesos semejantes a la “revolución pasiva”. Por otra parte, tampoco la crisis de la “alianza populista” abrió paso a los movimientos revolucionarios sino a cruentas dictaduras militares que se instalaron en el poder del estado, en algunos caso por casi dos décadas.

Esta realidad tan compleja, atravesada por la situación de dependencia que impacta en el ordenamiento y dinámica de las clases intenta ser observada con las anteojeras de la “revolución burguesa” por los pensadores de izquierda, limitados en su capacidad de volverse hacia un estudio histórico concreto de los desdoblamientos del capitalismo en nuestras sociedades.(6) Efectivamente, la lucha de clases estaba presente y efervescente, sin embargo ni la burguesía nacional, ni el proletariado parecían ser los sujetos de la historia latinoamericana. En este escenario, el pensamiento gramsciano encontró las mentes ávidas de respuestas de los intelectuales y políticos de izquierda latinoamericanos. En él su mirada sobre la realidad, sus “herramientas” para construirla y hacerla comprensible antes que quizás sus “conceptos” resultaron una bocanada de aire fresco en la tarea de la revisión histórica y política que se abrió en el continente hacia fines de los 70.

[1] En la reconstrucción de su biografía personal y política me basé en Giacomini, Ruggero: “Antonio Gramsci”. Centro de Investigaciones y Estudio de la Cultura Cubana Juan Marinello – Cátedra de Estudios Antonio Gramsci. La Habana. 2001. Allí puede consultarse una cronología más detallada de su vida.
[2] Ansaldi, Waldo: “Conviene o no conviene invocar al genio de la lámpara? El uso de las categorías analíticas gramscianas en el análisis de la historia de las sociedades latinoamericanas” en http://catedras.fsoc.ar/sociologia/udishal; publicado originariamente en Estudios Sociales. Revista Universitaria Semestral N° 2, Santa Fé (Argentina), Primer Semestre 1992, pp. 45-65.
[3] Portantiero, Juan Carlos: “Los Usos de Gramsci” Folio Ediciones S.A. México. 1987.
[4] Aricó, José: “La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina”. Puntosur Editores. Buenos Aires. 1988. Pág. 23.
[5] Citado en José Arcó: op. cit. Pág. 89.
[6] Uno de los trabajos más estimulantes y sistemáticos sobre la cuestión están compilados en Raúl Benítez Zenteno (coordinador) “Las clases sociales en América Latina. Problemas de conceptualización” Siglo XXI Editores, México, 1975, que recoge los aportes del Seminario de Mérida, donde participaron, entre otros, Alain Touraine y Florestán Fernández, con sendas ponencias reproducidas en su totalidad en el volumen editado que plantean el carácter específico de las formaciones sociales latinoamericanas, y con ello, la necesidad de la investigación histórico concreta y la construcción de herramientas teórico-analíticas singulares. Además intervinieron F.H.Cardoso, Manuel Catells, F. Weffort, R. Stavenhagen, E. Torres Rivas, etc.


AUTORA: Lic. en Sociología Gabriela Rodríguez M.P. 311

 

VOLVER A LISTADO AUTORES DESTACADOS

 

Arriba
<<Página Principal

Acerca del CPS - Autoridades - Comisiones - Servicios - Matriculación - RAS (Revista Argentina de Sociología) - Agenda - Eventos Científicos - Sociología - Biblioteca Virtual - Autores Destacados - Artículos de interés - Legislación - Links - Directorio Profesional - Matrículas Vigentes - Preguntas Frecuentes - Contáctenos - Home

 

Copyright (2001) Consejo de Profesionales en Sociología - Todos los derechos reservados.
Avda. Corrientes 2835, cuerpo B, piso 7º "B" (C1193AAA) Ciudad de Buenos Aires - Argentina
La pintura de fondo de nuestra Home pertenece a Alicia Nora Giannattasio.