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MAX
WEBER (1864-1920)
Su
vida y obra....
Max Weber nació el 21 de abril de 1864 en la ciudad de Erfurt,
que formaba parte de la provincia prusiana de Sajonia. Su padre,
un abogado y político, provenía de una familia de
industriales y comerciantes textiles originaria de Westfalia. Inicia
su carrera parlamentaria en la Cámara Prusiana de Diputados,
por el Partido Liberal Nacional, y la prosiguió en el Reichstang
durante el período 1872-1884 por el mismo partido, el cual
representaba los intereses de la joven burguesía industrial
alemana. Su madre era una mujer de gran cultura y una honda preocupación
por los problemas religiosos y sociales. Hasta su muerte, en 1919,
permaneció en estrecho contacto intelectual con su hijo,
en quien avivaba la nostalgia de la fe religiosa. En el salón
de su casa, el joven Max Weber compartió su tiempo entre
la lectura sobre los clásicos griegos y latinos y la filosofía
alemana, con las charlas sobre distintos aspectos de la realidad
de Alemania que entablaba su padre con importantes políticos
de la época.
Una vez finalizado su bachillerato, comienza sus estudios de derecho
en la Universidad de Heidelberg y, a la vez, estudia historia, economía,
filosofía y teología. Su carrera es momentáneamente
interrumpida en 1883 por el servicio militar, llegando al grado
de oficial.
Al año retoma sus estudios, pero ahora en las Universidades
de Berlín y Gotinga. En 1887, se incorpora a la Asociación
de Política Social (Verein für Sozialpolitik)
un agrupamiento de universitarios de diversas tendencias interesados
en indagar los problemas sociales relevantes y a la vez promover
las reformas necesarias a través de la legislación.
La misma fue fundada, en 1872, por G. Schmoller. Su participación
en esta asociación y su interés por la problemática
social, supuso una ruptura con la orientación nacionalista-liberal
de su padre.
Sus primeras investigaciones académicas las desarrolla en
el campo del derecho y de la historia jurídica, como por
ejemplo, su tesis doctoral Contribución a la historia
de las organizaciones de comercio en la Edad Media o la Historia
agraria de Roma y su significación en el derecho público
y privado.
En 1890, participa en una investigación sobre el trabajo
agrario en las provincias alemanas situadas al este del río
Elba. Este estudio fue encargado por la Asociación de Política
Social. Dicha investigación culmina en 1892. A la par de
su trabajo en la Asociación, también participa en
el Congreso Social Protestante. Las series de estudios y discursos
que Weber presenta en estos ámbitos fueron decisivas para
el establecimiento de su reputación académica. Los
mismos, al principio, fueron concebidos como estudios políticos-sociales
acerca de la condición de los obreros agrícolas. Luego
terminaron siendo un pormenorizado estudio de las transformaciones
producidas por el capitalismo tanto entre los sectores sociales
del campo como en la organización del Estado-Nación
y, por último, el problema que hace referencia al interés
nacional con respecto a la inmigración polaca.
En 1894 la Universidad de Friburgo le ofrece la cátedra de
Economía siendo el tema de su clase inaugural El estado
nacional y la política nacional. Este discurso, basado
en las diferentes investigaciones y exposiciones dadas en la Asociación
de Política Social y en el Congreso Social Protestante, constituye
la exposición más importante, y a la vez polémica,
de sus ideales políticos en sus primeros trabajos. En él
versa sobre la significación de los intereses nacionales
como objeto tanto de la política como de la economía
política en donde el Estado es una organización
terrenal del poder de la nación que es, a la vez portador
y sujeto de la nación alemana. Con esta afirmación,
Weber se diferencia de aquellos pensadores que entendían
la nación como pueblo, como una comunidad en
un sentido étnico o lingüístico. Es por eso que
no ve como un problema la constitución del Deutsche Reich,
por parte de Bismarck, en 1871. Con ella los alemanes no solamente
dejarían de ser una simple comunidad lingüística
para constituirse en un Estado-Nación, sino que la unidad
nacional es una premisa necesaria para que el capitalismo alemán
pudiera expandir su desarrollo industrial y posicionarse mejor en
la lucha por los mercados exteriores en busca de materias primas
para alimentar sus fabricas. Junto a la cuestión de la nación,
Weber abogaba por que la burguesía alemana salga de su letargo
político producto de su inmadurez política y asumiera
su rol de clase políticamente dirigente, en reemplazo de
la aristocracia terrateniente expresada por los Junkers la cual
era una clase en decadencia económica, por lo tanto, no tenía
una base de sustento para dirigir políticamente los destinos
de Alemania.
En 1897 debe interrumpir su actividad académica y de investigación
debido a una enfermedad que le produce un agotamiento nervioso profundo
y lo obliga a abandonar su trabajo. Por otra parte, decide retirar
su participación en 1899 de la Liga Pangermanista. En 1901
se recupera gradualmente. En 1903 junto a Edgar Jaffé y Werner
Sombart funda la revista Archivos para la Ciencias Sociales
y la Política Social. En ella publica distintos artículos
sobre metodología de ciencias sociales entre los cuales se
encuentra: La objetividad cognoscitiva de la ciencia social
y de la política social. Además, se dedica a
estudiar intensamente el tema de las religiones. Como producto de
ese estudio se puede mencionar La Etica Protestante y el Espíritu
del Capitalismo. En este trabajo Weber afirma que existe una
vinculación entre los orígenes del capitalismo europeo
y la presencia de formas religiosas ascéticas,
representadas particularmente por el calvinismo y el puritanismo.
También escribe una serie de trabajos sobre sociología
económica y del derecho que habrán de recopilarse
en Economía y Sociedad y varios ensayos políticos,
entre los cuales están los que se refieren a la situación
política y económica que atraviesa Rusia en 1905.
En sus investigaciones, especialmente las realizadas después
de la recuperación de su enfermedad, apunta a indagar sobre
los distintos aspectos que hacen constitutivo y, a la vez peculiar,
a la Civilización Occidental. Desde la música armónica
al partido político, pasando por otros fenómenos tan
diversos es que Weber analiza la génesis y desarrollo del
proceso de racionalización de la vida social occidental.
De ahí que el tema más conocido de las investigaciones
weberianas pase a ser la formación y singularidad del capitalismo
como formación social que se expande por el mundo occidental.
Pero el incremento de la racionalización de la vida y de
la burocratización de las estructuras económicas y
políticas que se dan en esas sociedades, trae aparejado una
decadencia en las libertades individuales. Este problema, en la
obra de Weber, aparecerá en forma constante.
A comienzo de 1909 crea en Berlín la Asociación Alemana
de Sociología y comparte la dirección de la misma
con Ferdinand Tönnies, Georg Simmel y Werner Sombart. En el
congreso de la Asociación Alemana de Sociología, realizado
en 1910, se opone claramente a la ideología racista. En 1912,
se retira del comité de Dirección de la Asociación
a causa de divergencias con relación al problema de la neutralidad
axiológica.
Esta intensa y profunda actividad científica es interrumpida
a causa del comienzo de la primera guerra mundial, ya que ocupó
un puesto de oficial de reserva, estando encargado hasta 1915, de
la dirección de nueve hospitales militares en la región
de Heidelberg. En los años siguientes publica parte de sus
investigaciones sobre la sociología de la religión
y escribe una serie de artículos referidos a la situación
interna y externa de Alemania y sobre su futuro tras la guerra como
potencia mundial. Entre estos podemos mencionar El Parlamento
y Gobierno en una Alemania reorganizada, en él se manifiesta
partidario de la parlamentarización del sistema de político
Alemán, cuestión que estaba siendo discutida en el
Reichstag. Hace una defensa de la importancia de que Alemania tenga
un parlamento fuerte - similar al inglés - como único
medio que permitía controlar la burocracia, y a la vez, preservar
la garantía de los derechos y libertades individuales que
eran amenazados por el proceso de burocratización de la sociedad
moderna. También, como un espacio de reclutamiento y formación
de líderes políticos.
Luego retoma su actividad como docente en la cátedra de Economía
Política en la Universidad de Viena durante el semestre de
verano de 1918. En ese mismo año, Weber ingresa en el nuevo
partido liberal Deutsche Demokratische Partei. Es candidato
por ese partido en las elecciones de Asamblea Nacional Constituyente.
Además, dicta dos conferencias en la Universidad de Munich,
las cuales se publicaron con el nombre La ciencia y la política
como vocación. En ella establece las particularidades
de las tareas y los límites tanto del sabio como del hombre
de acción. También de la relación entre ellas,
como afirma Raymond Aron, en donde la ciencia que Weber concibe
es aquella que es susceptible de servir al hombre de acción,
del mismo modo que la actitud de éste difiere en su fin pero
en su estructura, de la del hombre de ciencia.
En 1919, a propuesta del príncipe Max von Baden, Weber formó
parte de la delegación de paz alemana en Versailles. También
integró la comisión redactora de la Constitución
de Weimar, pero rápidamente se distancia del gobierno de
la República. Asimismo, dicta un curso en la Universidad
de Munich sobre Historia Económica General el cual será
publicado con ese nombre en 1924. Se imprimen los primeros pliegos
de Economía y Sociedad, pero la obra queda inconclusa ya
que lo sorprende la muerte en 1920 con tan sólo 56 años.
Su esposa Marianne Weber es la encargada de recopilar y organizar
los textos de su marido que integran la edición de 1922 y
la ampliada de 1925.
Contexto filosófico:
La obra de Max Weber tiene como punto de referencia, en el plano
intelectual, el debate que se da en la vida académica alemana
de fines del siglo XIX. El mismo estuvo centrado en una disputa
metodológica denominada Methodenstreit. En ella empezaba
a entrar en crisis el programa de la escuela histórica alemana
cuyos presupuestos se habían construido sobre la base de
dar fundamento historiográfico a las disciplinas que tienen
que ver con la vida humana. A la vez se le cuestionaba a esa escuela
los instrumentos que utilizaba en su teoría. De ahí
que la discusión pasaba por delimitar qué aspectos
se deben tener en cuenta a la hora de fundamentar y dar validez
a las disciplinas que estudian la vida social del hombre.
Una primera manifestación de esta crisis, se produce en la
economía a partir de la crítica que realiza el austríaco
Menger, en 1883, a la falta de teorización por parte al historicismo
económico alemán siendo contestado por G. Schmoller
quien es el mayor referente de la segunda generación de esa
escuela. Esto genero una polémica que no sólo abarcaba
el campo económico sino que se extendía a las demás
ciencias dado que tenía que ver con un problema de orden
más general y que era la determinación del procedimiento
del grupo de disciplinas que engloban a las ciencias histórico-sociales
frente a la particularidad de la ciencia natural.
En este debate por establecer la fundamentación y validez
de las ciencias histórico-sociales es que Weber va formando
su pensamiento. Ya en sus primeros trabajos, donde investigaba sobre
la historia del derecho comercial en el medioevo o del derecho agrario
romano como la encuesta sobre las condiciones de vida de los campesinos
en el este de Alemania, es donde se había topado con esos
problemas. Por ende, desde la investigación concreta se ve
obligado a definir y precisar, por un lado, sus propias herramientas
de investigación dentro de un análisis empírico
de las ciencias histórico-sociales y, por otro, la relación
entre la investigación objetiva y sus intereses políticos.
Al principio sus estudios estaban influidos por la escuela histórica
alemana. Pero en la lección inaugural sobre El estado
nacional y política nacional en la Universidad de Friburgo,
en 1893, empieza ya a esbozar sus primeras críticas hacia
esa escuela. En esta clase, Weber crítica con dureza la noción
predominante en la economía alemana de que el conocimiento
científico pueda proveer valores para la acción. Afirma
que es necesario establecer una separación tajante entre
los valores de los cuales el científico toma sus puntos de
vista para la valoración de los procesos históricos
o sociales y el campo de la investigación científica.
Para realizar esta afirmación, recurre a la distinción
rickertiana entre juicio de valor y relación
de valor. No es tarea de la ciencia, afirma Weber, determinar
cuales valores son válidos y cuales no. Tampoco puede prescribir
qué comportamiento es el más adecuado. Es decir, no
puede fijar juicios de valores que afirmen lo que se debe ser o
hacer. En cambio, la relación de valor parte de un principio
de selección y no de valoración. Este principio tiene
la utilidad de determinar un área de investigación,
en la cual la indagación procede de manera objetiva a fin
de lograr la explicación causal de los fenómenos.
Cabe mencionar que si bien Weber parte de la noción de Rickert
sobre juicio de valor y relación de valor, se diferencia
de este último pensador en cuanto a la relación del
objeto histórico con los valores.
Dichas críticas se profundizaron, especialmente en el campo
metodológico, hasta llegar a la ruptura con esa corriente.
Una prueba de ello, lo podemos encontrar en los distintos artículos
desarrollados entre 1903 y 1906 y a los que se los conoce con el
nombre de: Roscher y Knies, y los problemas lógicos
de la escuela histórica de economía. En este
ensayo apunta a demostrar las debilidades del método utilizado
por esa corriente, ya que esté cae en una tendencia evolucionista
plagada de categorías románticas. Asimismo, refuta
la noción de espíritu del pueblo como
fundamento del desarrollo de una determinada sociedad, en donde
su crecimiento es visto en forma análoga al progreso de ciertos
estadios o etapas biológicas que son inmanentes a todos los
individuos, la cual sería la causa de que el progreso de
los pueblos, en términos generales, sea el mismo y por lo
tanto se pueda establecer leyes generales de la evolución
de una sociedad. Esa concepción, según Weber, no permite
abordar los fenómenos económicos desde una reflexión
histórica dado que pretende formular un sistema de leyes
generales.
A este debate sobre la concepción organicista de las ciencias
del espíritu se le suma la discusión sobre la autonomía
del conocimiento histórico, en cuanto forma de conocimiento
que posee validez propia, con respecto a las ciencias naturales.
Según Weber, para diferenciarse de las ciencias naturales
no basta poseer un campo de investigación propio, a partir
de la distinción entre lo psíquico y lo físico
como pretenden los objetivistas. Ni tampoco el hecho de que cuente
con un instrumento cognoscitivo propio del conocimiento histórico
como ser la intuición, según afirman
los intuicionistas. Es el fin el que moviliza al investigador, y
el método de su sistema conceptual lo que permite diferenciar
el conocimiento histórico, con sus correspondientes disciplinas,
de las ciencias naturales. Con esta afirmación toma distancia
de la herencia romántica de la escuela histórica,
a partir de que la comprensión adecuada de un objeto no se
construye sobre la simple intuición, sino a través
de la formulación de hipótesis interpretativas que
deben ser comprobadas empíricamente. Weber afirma que:
... hay algo que es propio solamente de la conducta humana, al menos
en sentido pleno: el curso de regularidades y nexos es interpretable
por vía de comprensión. Una «comprensión»
de la conducta humana obtenida por medio de interpretación
contiene ante todo una «evidencia» cualitativa específica,
de dimensión singularísima. El que una interpretación
posea esta evidencia en medida muy alta nada prueba en sí
en cuanto su validez empírica. En efecto, un comportamiento
igual en su curso y su resultado externos puede descansar en constelaciones
de motivos de índole muy diversa, entre lo cuales los comprensibles
de manera más evidente no siempre han sido los realmente
en juego. Antes bien, el «comprender» determinado nexo
ha de ser controlado, en la medida de lo posible, con los métodos
usuales de la imputación causal antes de que una interpretación,
no importa cuán evidente, pase a ser una «explicación
comprensible» válida.1
Ahora,
la comprensión se sostiene en la explicación causal.
Por lo tanto, se establece una visión alternativa a la postura
de los objetivistas e intuicionistas, en donde las ciencias histórico-sociales,
sirviéndose del proceso de interpretación, procuran
discernir relaciones causales entre fenómenos individuales
que son culturalmente significativos.
El
papel de la sociología comprensiva:
En
su libro Economía y Sociedad es donde encontramos,
con mayor profundidad, los conceptos fundamentales de la sociología
comprensiva, definiéndola en el primer capitulo como una
ciencia que pretende entender, interpretándola, la acción
social para de esa manera explicarla causalmente su desarrollo y
efectos . Por acción social se entiende a la conducta
humana en donde el sentido mentado por su sujeto o sujetos
está referido a la conducta de otros, orientándose
por ésta en su desarrollo. La misma puede referirse
al pasado, presente o acciones esperadas como futuras. Los otros
pueden ser tanto personas concretas como una pluralidad de individuos
indeterminados y completamente desconocidos.
Por
lo tanto, es la función de la sociología comprender,
interpretándolas, las acciones orientadas por un sentido
y cuyo desenvolvimiento aspira a explicar socialmente, en donde
la relación entre comprensión y explicación
no son dos aspectos complementarios del conocer sino, por el contrario,
son una misma y única instancia cognoscitiva. La comprensión
de la acción social, lejos de constituir un simple momento
de explicación causal, es el método explicativo específico
de la sociología, por tal motivo toma de allí su denominación.
La sociología debe ser comprensiva porque su
objeto es la acción humana la cual esta dotada de un sentido,
que le otorga una singularidad que no puede ser captada por las
ciencias de la naturaleza.
La
sociología trata de captar la conexión del sentido
que está enlazado a la acción social. En otras palabras,
comprender la relación causal entre una acción y un
fin. Cabe mencionar que cuando Weber habla de causalidad no lo hace
en términos de leyes generales, sino de condicionamiento
causal de fenómenos individuales culturalmente significativos.
Para
lograr tal cometido, se aboca a la construcción de conceptos
tipológicos basados en reglas generales del acontecer, que
den cuenta del carácter subjetivo de la orientación
de la acción y de las formas objetivas de organización
social. Estos conceptos, definidos por Weber como tipos ideales,
se obtienen:
...
mediante el realce unilateral de uno o varios puntos de vista y
la reunión de una multitud de fenómenos singulares,
difusos y discretos, que se presentan en mayor medida en unas partes
que en otras o que aparecen de manera esporádica, fenómenos
que encajan en aquellos puntos de vista, escogidos unilateralmente,
en un cuadro conceptual en sí unitario2
Pueden ser tipos ideales que se refieren tanto a conceptos individualizadores
o conceptos generales. Estos últimos están vinculados
directamente con la imputación causal. Poseen un alto grado
de abstracción, debido a que no se puede captar la totalidad
de las relaciones de causa y efecto de las que depende un fenómeno
a causa de que la realidad es infinita. Si bien, por un lado, no
constituye una exposición concreta de la realidad, por el
otro, nos proporciona medios de expresión unívocos
para representarla de acuerdo a la referencia de valores que exprese
el investigador. Es un criterio de comparación que está
siempre referido a un dato empírico. No constituyen un promedio
estadístico. Tampoco son una hipótesis, en el sentido
de una proposición acerca de la realidad concreta, empíricamente
contrastable para verificar su verosimilitud. Pero nos da una orientación
a la formulación de las mismas.
Una
manera de aproximarnos a lo que son los tipos ideales, lo podemos
apreciar cuando Weber nos describe las diferentes tipologías
de acción social. Como toda acción puede
ser:
Racional
con arreglo a fines: es aquella que se encamina hacia un objetivo
basándose en el cálculo de los medios disponibles
e intenta prever las posibles consecuencias que acarrea.
Racional
con arreglo a valores: está delimitada por la creencia consciente
hacia un valor, sea cual fuese las condiciones.
Afectiva: se desarrolla bajo el influjo de un estado emotivo.
Tradicional:
está determinada por una costumbre arraigada.
Obras
de Max Weber traducidas al castellano:
Historia
económica general. México, Ed. Fondo de Cultura Económica
(1942).
Economía
y Sociedad. México, Ed. Fondo de Cultura Económica
(1944)
El
político y el científico. Madrid, Ed. Alianza (1967).
Escritos
políticos. Madrid, Ed. Alianza (1982).
Escritos
políticos (2 volúmenes). México, Ed. Folios
(1982).
Sobre
la teoría de las ciencias sociales. Barcelona, Ed. Península
(1971).
Ensayos
sobre metodología sociológica. Buenos Aires, Ed. Amorrortu
(1978).
La
ética protestante y el espíritu del capitalismo. Barcelona,
Ed. Península (1979).
Historia
agraria romana. Madrid, Ed. Akal (1982).
La
acción social: ensayos metodológicos. Barcelona, Ed.
Península (1983).
Ensayos
sobre sociología de la religión. Obra Completa (2
volúmenes). Madrid, Ed. Taurus (1984).
El
problema de la irracionalidad en las ciencias sociales. Madrid,
Ed. Tecnos. (1985).
Ensayos
de sociología contemporánea. Barcelona, Ed. Planeta
- Agosti (1985).
La
ciudad. Madrid, Ed. La Piqueta (1987).
La
Bolsa: introducción al sistema bursátil. Barcelona.
Ed. Ariel. (1993)
Sociología
del trabajo industrial. Madrid, Ed. Trotta. (1994)
1 Weber Max. Sobre algunas categorías de la sociología
comprensiva (1913), en Ensayo sobre metodología sociológica
página. Buenos Aires Ed. Amorrortu, página 175 y 176.
2
Weber Max La objetividad cognoscitiva de la ciencias social y de
la política social, ídem página 79.
**Autor:
Lic. Hugo Oscar Carrachino M.P. 464
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